CONCIENCIA ECOLÓGICA Y CÓSMICA

Prestamos en 24 horas

“Utopía para una nueva humanidad”

(Parafraseando a Leonardo Boff)

Hoy estamos entrando en la recta final de la existencia humana, estamos ante el paradigma de elección entre la vida y la muerte. Esto quiere decir que nos ponemos ante el dilema de demostrar, si somos seres inteligentes o no, (homo sapiens u homo brutus) estamos ante la oportunidad de buscar y promover  una nueva forma de comunicación dialogal con la totalidad de los seres y sus relaciones. Hoy día priva  el paradigma clásico de las ciencias con sus famosos dualismos, como la división del mundo entre material y espiritual, la separación entre naturaleza y cultura, entre ser humano y mundo, razón y emoción, femenino y masculino, bendición y maldición, virtud y pecado, Dios y mundo o diablo, ser y tener, y la atomización de los saberes científicos y/o pseudo religiosos.

Pero a pesar de todo ello, debido a la crisis actual, debemos desarrollar una nueva sensibilización para con el planeta en cuanto totalidad. De la situación actual debe surgir una nueva utopía de donde puedan surgir nuevos valores,  nuevos sueños,  nuevos comportamientos, asumidos por un número cada vez más creciente de personas y comunidades.

En la actual metamorfosis humana ¿Qué debe suceder? Pues que debemos regresar a nuestra patria de nacimiento. Estamos perdidos entre máquinas, fascinados por estructuras industriales, enclaustrados en despachos de aire acondicionado y flores sintéticas, entre aparatos electrodomésticos y de comunicación, y absortos por mil imágenes parlantes y un montón de tonterías más. Es hora de regresar a la gran comunidad planetaria y cósmica. Necesitamos volver a la inocencia y pureza de los primeros seres humanos. Nos debe fascinar de nuevo el verdor de la selva,  detenernos ante la majestuosidad de las montañas,  extasiarnos con el cielo estrellado, el ulular del viento,  el canto del río, y admirar la vitalidad de los animales.  Llenarnos de admiración ante la diversidad de las culturas, de los hábitos humanos, de las formas de dar significación al mundo. Comenzar a acoger y a valorar las diferencias. Y provocar  aquí y allá una nueva compasión para con todos los seres, particularmente para aquellos que más sufren en la naturaleza y en la sociedad. Siempre hubo en la humanidad ese sentimiento y siempre irrumpió una emoción semejante ya que ellas son humanas, profundamente humanas. Ahora, sin embargo, sobre el trasfondo de la crisis, ellas han de cobrar nuevo vigor y nuevas formas para difundirse, es fundamental   crear en la mente humana, un nuevo modo de ser, de sentir, de pensar, de valorar, de actuar, de orar; es decir, debe surgir un paradigma nuevo, no podemos seguir manteniendo las mismas actitudes de enajenación, destrucción o indiferencia.

No podemos  rebajar la Tierra a un conjunto de recursos naturales o a una reserva físico-química de materias primas. La Tierra posee su identidad y autonomía como un organismo extremadamente dinámico y complejo. Ella fundamentalmente, se presenta como la Gran Madre que nos nutre y nos transporta. Es la gran y generosa Pacha Mama (Gran Madre) de las  culturas andinas, la madre Ixmucané de los Mayas,  un súper organismo vivo, la Gaia, de la mitología griega y de la moderna cosmología, es la gran patria humana que abrió generosa sus brazos cuando nacimos y los abrirá nuevamente, para abrigarnos en su seno cuando fallezcamos.

Es necesario volver a nuestra verdadera humanidad, para sentir la Tierra de nuevo. Sentir el viento en nuestra piel, sumergirnos en las aguas de las montañas, penetrar en la selva virgen y captar las expresiones de la  biodiversidad. Debe surgir en la humanidad una actitud nueva, actitud  de encantamiento, que apunte a una nueva sacralidad de donde rebrote un sentimiento de intimidad y de gratitud. Queremos saborear productos naturales  en su inocencia, no elaborados por la industria de los intereses humanos y trastocados por la nueva genética. La humanidad debe buscar una segunda ingenuidad, fruto de la ciencia especialmente de la cosmología, de la astrofísica, de la física cuántica y de la biología molecular,  al mostrarnos dimensiones de lo real, antes insospechadas en el nivel de lo infinitamente grande, de lo infinitamente pequeño y de lo infinitamente complejo. El universo de los seres y de los vivientes nos debe llenar de respeto, de veneración y de dignidad. Nuestro planeta está enfermo, y debemos rescatarlo, es hora de despertar y de  actuar, de dejar los discursos elegantes, rebuscados y prefabricados, es hora de pasar de la teoría a la práctica, de las palabras a los hechos.  ¿Qué está usted dispuesto a hacer? ¿Cuál será su aporte para esta utopía?

Junto al logos (razón) está  el eros (vida y pasión),  el pathos (afectividad y sensibilidad) y el daimon (la voz interior de la naturaleza). La razón no es ni el primero ni el último momento de la existencia, ni mucho menos el sustento de la vida. Nosotros somos también afectividad (pathos), deseo (eros), pasión, entendimiento, comunicación y atención a la voz de la naturaleza que habla en nosotros (daimon). El conocimiento no debe ser sólo una forma de dominar la realidad. Conocer debe ser la capacidad de entrar en comunión con las cosas y descubrir el propósito escondido y místico en ellas. Como decía san Agustín, siguiendo en ello a Platón “Conocemos en la medida que amamos”. A esto agregaba “La medida del amor es amar sin medida”. Ese nuevo amor a nuestra patria/matria de origen, nos debe  proporcionar una nueva sensibilidad y abrirnos  un camino más benevolente en dirección al mundo. Debemos buscar una nueva percepción de la tierra como una inmensa comunidad de la que somos miembros, integrantes responsables, para que todos los demás miembros y factores, desde el equilibrio energético de los suelos y los aires, pasando por los microorganismos, hasta llegar a las razas y a cada persona individual, puedan convivir en ella en armonía y paz. Es tiempo de que en la humanidad surja el Ecce homo “¡Llega a ser el que eres! de Nietzche, el oikesis u oikós de los estoicos, que consiste en la tendencia de todo individuo a quedarse en casa y en caso de estar fuera, regresar a ella. ¿Estaremos a tiempo de hacerlo?

 

Eduardo Tuyuc Curruchiche

 

Comments: 0

Your email address will not be published. Required fields are marked with *