Corrupción

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Primera parte

“Detrás de cada fortuna hay un delito” afirmaba Honoré de Balzac, y es que la corrupción es tan antigua como la humanidad, casos específicos se registran en Egipto, Grecia, India, etc., esta palabra es de origen latino y esencialmente tiene dos significados, uno de carácter inevitable y relacionado a la descomposición física de los cuerpos biodegradables, (que entran al estado de putrefacción) que por su composición están diseñados para un tiempo de vida, al final del cual se produce su natural destrucción y el otro que es perfectamente evitable, tiene que ver con las acciones humanas voluntarias, premeditadas y racionalmente planificadas, pudiéndose definir como la acción de dañar, sobornar, pervertir o depravar a alguien, esencialmente implica una depravación moral y ética, en ésta, se destruye la conciencia humana.

Un ejemplo real puede ilustrar el primer caso, hace muchos años en pleno invierno, en una institución educativa se encontraba un grupo de estudiantes, desarrollando sus clases fuera del salón respectivo, a la llegada del director, éste  le pregunta al docente encargado del curso, la razón del por qué los estudiantes estaban fuera del salón de clases, el docente respondió que probablemente el fin de semana algún vecino había arrojado junto al salón de clases un perro muerto y corrompía, por lo que no se podía permanecer ahí por más de cinco o diez minutos, la autoridad del colegio le preguntó al profesor ¿y por qué no retiran el perro muerto del lugar, o por qué no lo entierran?

Tres situaciones pueden señalarse del anterior caso, a) la corrupción del ambientepor el animal muerto, b) la imposibilidad de permanecer por mucho tiempo en el ambiente por el animal en descomposicióny c) la idea de deshacerse de él;  es natural que cualquier animal (incluido el humano), se descomponga y los malos olores (la corrupción) provoque repugnancia y a la vez indisponga a las personas a permanecer en el lugar.

Otro caso propicio de citar como ejemplo, es el de la muerte de las personas, cuando una persona fenece, es costumbre velarla por lo menos 24 horas, con la esperanza por supuesto, que durante ese tiempo pueda recobrar los signos vitales; hace mucho tiempo, cuando en Francia se produjo una epidemia, se prohibió la velación de los restos mortales de las personas, de manera que apenas se producía el deceso, inmediatamente se procedía a la inhumación de los restos del difunto, pero por si acaso recobraba la vida, le dejaban adherida en alguna parte del cuerpo una cuerda, cuyo extremo salía hasta el exterior a través de un tubo delgado, en el extremo de la cuerda se amarraba una campanita que colgaba de la cruz colocada sobre el nicho o promontorio de tierra y junto a ésta, permanecía por algún tiempo una persona, por si ocurría lo deseado, es decir que el difunto reviviera.

Volviendo al caso de la muerte de las personas, que pueden ser nuestros hijos, padres, esposa (o), hermano, novia (o), amigo, vecino, etc., es preciso acotar que por más que las amemos, no podemos tenerlas por más de veinticuatro horas, porque después de cierto tiempo, el cuerpo inicia el proceso de descomposición, el cadáver cambia de color, las facciones se alteran y se inicia la corrupción, si alguien se empecinara en quedarse en la habitación del ser querido en esas circunstancias, (tal vez algún loco lo haría) probablemente se quedaría sólo, porque el cadáver después de cierto tiempo APESTA.

En el supuesto de que alguien o varios quisieran permanecer junto al cadáver por más tiempo, probablemente la fetidez del occiso se les impregnaría gradualmente, la pestilencia del difunto con toda seguridad los afectará; pero cabe la posibilidad de que probablemente también, podrían irse acostumbrando a la situación, con mayor razón si fuesen obligados a hacerlo, como sería el caso de los presos de guerra, los secuestrados, accidentados en lugares lejanos o inhóspitos, etc.

Enfundado en su último traje, el muerto inicia el camino sin retorno, en la caja (si tiene suerte) descansan sus 30.000 millones de células y todo un sistema corporal que históricamente se formó a lo largo de 4.500 millones de años, ahí, expuestos al público descansan los amores y los odios, las pasiones, los sufrimientos, las ambiciones, los orgullos, las bravatas, los desamores, la ternura, la benevolencia, el cariño, las frustraciones, las tragedias, los encuentros y los desencuentros etc., etc. En otros términos, dentro de la caja está los restos del ser humano con toda su esencia, expresada en vida a través del pathos, el logos, el eros, el nomos, el daimon y el ethos, que le permitieron en vida, realizarse y trascender o, permanecer en la miseria de lo meramente material y consecuentemente quedarse en el “ser”, sin lograr el “deber ser” filosófico.

Cabe insistir que este tipo de corrupción es natural e inevitable, es decir, ocurre sin que  intervenga la voluntad humana, ni siquiera la voluntad de los dioses, realidad que por justicia cósmica o divina empareja a la especie humana, en situaciones como son, el nacer y el morir; nace pobre y desvalido el hijo del proletario, igual nace el hijo del rey, nace desnudo el príncipe, igual nace el hijo del pobre, muere el uno, igual muere el otro.

El otro caso de corrupción, difiere del primero, debido a que se produce por razones razonadas, con propósitos definidos, intereses premeditados y acciones programadas. Existe mucha diferencia entre el primer caso y éste, porque como quedó señalado, el primero es ocasionado por la inercia de la naturaleza (la descomposición del cuerpo) y el segundo por la inercia del alma (la voluntad)  es decir, aquí participan elementos de carácter ético y moral, los actos de corrupción se realizan de manera voluntaria y premeditada, obvio es que los humanos vean siempre o casi siempre “la paja en el ojo ajeno” y los casos de corrupción señalados y  condenados, son los de gran envergadura, pero éstos no son sino la punta del iceberg, realmente las acciones corruptas se cimentan sobre actos de corrupción de otras categorías, por lo consiguiente, es muy fácil visualizar la punta del iceberg, pero ¿qué decir de la plataforma que la sustenta? La destrucción de una embarcación al chocar con un iceberg no se produce por la punta del mismo, sino por la masa de hielo debajo del agua y que no se ve.

La cleptocracia en un país es la punta del iceberg, pero junto a ésta, hay otra gran cantidad de actos de corrupción de menor cuantía, es una realidad que lo grande contiene lo pequeño y viceversa. Es así mismo una realidad que la corrupción se produce tanto en el ámbito público como privado.

Cabe entonces señalar que para hablar de corrupción, se debe hablar de forma integral, porque es tan corrupto el representante de un Estado, llámese Presidente, Vicepresidente, Primer Ministro, Rey, Duque. Diputado, Alcalde,  etc., como el más pequeño de sus gobernados (en el orden de la administración), entonces, sin pretender hacer una apología del tema, de manera general se puede hablar de corrupción en los siguientes términos:

 

Corrupción en las altas esferas:

Continuará…

Eduardo Tuyuc Curruchiche

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