“De política, elecciones, y esperanzas inciertas”

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La definición contemporánea más acertada de política es la que dice: “La política es la sombra que proyecta sobre la sociedad el mundo de la gran empresa”, y precisamente en materia política,  estamos a menos de tres meses de que el país decida otra vez su destino,  (de hecho parece que el Estado de Guatemala no tiene la capacidad de cambiar su destino, porque desde que tengo memoria, cada cuatro o cinco años vengo escuchando los mismos ofrecimientos, las mismas mentiras y los mismos engaños y la situación del país no ha cambiado mucho que se diga), probablemente la incapacidad de cambiar el Status quo del país, se deba a que Guatemala solo es un Estado en espíritu, y carece de una identificación colectiva, una identificación que amarre los ideales, los pensamientos y los anhelos de todos los ciudadanos. “Este estatismo sin estado” impide el desarrollo integral de la población, al tiempo que naturaliza las situaciones de injusticia, corrupción, pobreza y miseria, especialmente de los indígenas y de las poblaciones rurales alejadas de los centros urbanos.

Elemental es señalar que la política del Estado subsidiario se sustenta sobre el principio bíblico “de cada quién según su capacidad y a cada quién según su necesidad”, ideal retomado por Karl Marx en su libro “El Capital”  entendido como la acción  del Estado y los gobernantes de captar de los ciudadanos que tienen mayores recursos económicos,  los tributos o impuestos  según su capacidad, mismos que el Estado debe invertir en los ciudadanos más pobres, “según su necesidad”, en educación, salud, fuentes de trabajo, justicia, seguridad, etc.

Ahora bien,  la parodia que actualmente vive el país, se cimenta sobre los hechos de una historia trágica de discriminación, terror, oscurantismo, violencia, persecución, ensañamiento, destrucción, despojo, odio, horror, injusticia, pobreza, miseria y muerte. Esta situación es aprovechada por los de siempre, es decir, los políticos marrulleros, oportunistas, sinvergüenzas y descarados, que haciendo acopio de las necesidades y miserias del pueblo, ofrecen a diestra y siniestra, lo que el pueblo necesita, pero que saben no podrán o no querrán cumplir, una vez acomodados en el poder.

La falta de cumplimiento a los ofrecimientos de campaña, por supuesto no es exclusiva de los gobernantes, debe entenderse que la ineficiencia e ineficacia de éstos, es también porque la función subsidiaria del Estado ha desaparecido y priva la de un Estado gerencial, dicho en otras palabras, ahora son las grandes empresas las que ponen las carpetas sobre la mesa de los gobernantes priorizando los proyectos y/o programas a ejecutar, obviamente estos proyectos o programas son los que benefician a las empresas y no a la población. Como siempre, en este circo electoral los políticos se acercan a la gente, las abrazan, las escuchan (o por lo menos aparentan hacerlo), incluso las besan y les hacen todo tipo de ofrecimientos.

La fogosidad de los discursos se pone de moda, las palabras rebuscadas afloran con facilidad, el ataque y la descalificación son las herramientas más comunes para esconder y camuflar las miserias propias y justificar la solicitud del voto;  muchos políticos se ponen ahora el traje típico de la localidad que desprecian todo el tiempo, se aprenden dos o tres palabras del idioma del pueblo que visitan, comen en los mercados, se suben a los desvencijados buses, caminan a pie por la calle, saludan a medio mundo, procuran poner su mejor cara, etc., frente a esta realidad, la actitud de los votantes debe ser de observación y escucha, pero sobretodo, de una escucha atenta, profunda y crítica y ante todo  de duda, porque como dice el sabio Chuang Tzu “ A un perro no se le considera bueno porque ladre bien;  a un hombre no se le considera sabio porque hable hábilmente.

Por otra parte, en este momento histórico, no podemos asumir una actitud de olvido complaciente ante  los hechos recién pasados y hacer lo que hace todo el mundo, es decir “dejarnos llevar” y olvidar que muchos (la mayoría) de los que actualmente se presentan como “los salvadores” del pueblo, son los que han convertido al Estado y sus instituciones en una maquinaria trituradora, que ha hecho  lo que ha querido con el pueblo indefenso y pobre.

Los  guatemaltecos no podemos darle un premio a los que han mancillado nuestra dignidad, no debemos permitir que sigan gobernando los que han naturalizado la cultura de la corrupción y han hecho del Estado y el erario público, la fuente de su progreso personal e institucional, ¿o es que somos tan masoquistas para hacerlo o permitirlo? En las actuales circunstancias de la vida nacional, no podemos ni debemos permitir que el gusano roedor de la dignidad de la persona se apodere del Estado, si esto ocurriera, no podremos vencer en el futuro la fuerza del gusano, porque  se habrá convertido en serpiente, en monstruo (si es que todavía no lo es).

Como el voto es un deber y una obligación de conciencia, es necesario pensar sesudamente a quien dárselo, con nuestro voto estamos entregando el poder a los futuros gobernantes, sea presidente, diputado o alcalde, en consecuencia, lo mejor es no  votar con los sentimientos, es decir por emoción, sino de forma pensada y razonada, una manera de votar objetivamente es escoger un candidato a presidente de un partido, otro para elegir diputado y otro para alcalde, de esta manera, en el caso de los diputados, se evitará la cooptación del congreso y a la vez se equilibrarán los poderes Ejecutivo y Legislativo.

A pesar de que el tiempo para las elecciones generales es corto, es importante indagar sobre el pasado de los candidatos, su procedencia e historia familiar, historia política, preparación académica, experiencia administrativa, liderazgo comunitario, honestidad, idoneidad para desempeñar el puesto, etc. esencial es también conocer el programa o plan de gobierno, cuando se trata de los candidatos a la presidencia o a las alcaldías; en todo caso se debe desechar a los candidatos cuyos planes o programas de gobierno se fundamenten en criterios  ideológicos alejados de la realidad nacional. Juntamente con lo anterior y ante  la problemática planetaria de cambio climático, es vital tomar en serio a los candidatos cuyos programas prioricen lo concerniente a este tema global, en ejes puntuales como el problema del agua, la basura, la deforestación, el crecimiento poblacional, ordenamiento territorial, etc.

Entonces ¿Por quién o quiénes votar?

La incertidumbre que provoca la debacle de la política del momento puede volver escépticos a los ciudadanos y optar por no votar o votar nulo, en todo caso ninguna de las dos actitudes es positiva, porque ni suma ni resta, más bien permite que otros asuman la responsabilidad y sobre todo la oportunidad de agregar votos a su candidato favorito, aunque éste sea mañoso, trinquetero y corrupto, Martin Luther King decía: “No me duelen los actos de la gente mala,  me duele la indiferencia de la gente buena”.

Seguramente hay muchas personas honradas y probas, que sienten en su interior la llamada para participar en política, sin embargo, escrúpulos familiares, gremiales o religiosos les impiden hacerlo, entonces; si las personas honestas no participan en la solución de la problemática local o nacional y no se incorporan a la política ¿quién lo hará? Pues obvio, los mismos, los politiqueros mafiosos, corruptos y aprovechados. Cuando las personas buenas no asumen su deber ciudadano de participar en política, dejan la puerta abierta para que lo hagan los de siempre y a la vez pierden el derecho moral de señalar la mala o equivocada administración. Por consiguiente, las nuevas situaciones sociales, económicas y culturales reclaman y exigen con particular emergencia la acción de los ciudadanos probos y los impele a no convertirse en cómplices de la decadencia social en la que les ha tocado vivir.

El vasto campo de la vida social, espera con urgencia la presencia de hombres y mujeres comprometidos con la justicia social, es menester que los hombres y mujeres de buena fe, se enfrenten cara a cara con el mundo real y dejen por el momento la cómoda burbuja en la que viven, importantísimo y urgente es que los ciudadanos de buena reputación (con sus debilidades y defectos), asuman el compromiso político y el derecho y deber de elegir y ser electos establecidos, en la Constitución Política de la República y darle de esta manera nuevos aires a la política nacional, en busca siempre de un mejor país, en paz, justicia y ante todo con dignidad humana.

Es hora de liberar la voluntad del guatemalteco, es tiempo de devolverle a la vida su verdadero valor trascendente, es hora de devolverles a los niños de las aldeas y caseríos más pobres la esperanza y la ilusión por la vida, es tiempo de dignificar a los más pobres, explotados y desfavorecidos, es hora en fin, de poner en práctica la filosofía de vida que propone el Popol Wuh, “Que todos se levanten, que se llame a todos, que no haya entre nosotros, ni un grupo, ni dos,  que se quede atrás de los demás”. ¡Despierta y resucita pueblo! ¡Que se levante tu llama redentora! Que el Corazón del cielo y el Espíritu de la abuela Ixmucané, infundan en tu alma el valor para decir ¡Basta!

Despierta ¡Oh demente y triste bestia hombre guatemalteco! ¿Qué más terribles cosas deben ocurrirte para que despiertes? ¿Qué paroxismo de lo absurdo te ha vuelto pasivo y sufriente? ¿Qué embrujo nauseabundo te poseen y te impiden aspirar a un mejor futuro? ¿Qué  espíritu de inframundo te subyuga para sufrir sin reaccionar? ¿Qué maldición te absorbe y te mata?

¡Oh patria! Permítenos convertir en fuego vital nuestra palabra, para despertar el sagrario del hombre que es su conciencia, permítenos alzar nuestra voz y no convertirnos en cómplices de los verdugos de nuestros hermanos, que honremos la sangre de los abuelos, de las abuelas, de los niños y de todas las personas que sufren la pobreza y la miseria, la explotación y exclusión social, que dignifiquemos con nuestra praxis ciudadana responsable, la memoria de los hombres y mujeres que lucharon por un mejor país con mayor equidad, igualdad y justicia, intelectuales de la talla de Alay de Foppa, Manuel Colom Argueta, María Chinchilla, Alberto Fuentes Mohr, Mirna Mack Chang, Mario López Larrave, Rogelia Cruz, Oliverio Castañeda, Jacobo Arbenz Guzmán Irma Flaker y tantos otros y otras que ahora iluminan el camino de las nuevas generaciones.  A pesar de que no hay mucho de donde escoger ¿Tendremos el valor, las agallas, la hidalguía, la virilidad y la inteligencia mínimas para tratar de cambiar la historia?  De aquí a tres meses lo sabremos.

Eduardo Tuyuc C.

 

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