De políticos muertos que intentan acabar con una ciudadanía viva.

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Perspectiva Invertida

En una de mis anteriores columnas manifestaba mi preocupación respecto a ciertas iniciativas que desde el Congreso de la República se impulsaban; expresamente, sobre la censura a grupos de música internacional poco habituales, y de cómo estas acciones de prohibición, con aires de fanatismo religioso y totalitarismo institucional, podrían replicar y extenderse a la sociedad buscando silenciar y reprimir nuestras voces, ideas y libertades.

En efecto, y en inmediato cumplimiento del negativo augurio, un grupo de diputados encabezados por una legisladora, de profesión comunicadora, para variar, presentaron hace pocos días un proyecto de ley que busca reformar el Código Penal para que se adicionen los artículos “407 P” y “407 Q” que pretende crear los delitos de “acoso y violencia política”, cuyo objetivo primordial consiste criminalizar y castigar con cárcel a quienes critiquen a candidatos a cargos de elección popular o funcionarios.

Fieles a su agenda de impunidad y corrupción, estos mal llamados representantes del pueblo, cuya muerte política se encuentra más que evidente, buscan a través de todos los medios posibles blindarse de una ciudadanía cada vez más viva que analiza, audita, sopesa y señala las acciones de una clase política burda, abusiva y decadente, que en vez responder y legislar en base a los complejos y preocupantes problemas del país, utilizan sus atrofiadas neuronas atentando contra libertades constitucionales; demostrando además, que sus iniciativas se sustentan en su ingenuidad y mediocridad parlamentaria.

Esta nueva iniciativa cuyos alcances no se restringen solamente a particulares sino también a medios de comunicación, es una completa amenaza a la Libertad de Emisión del Pensamiento y a la Libertad de Prensa, lo cual se interpreta como una absoluta intolerancia a la crítica, al señalamiento y a la auditoría ciudadana que afecta, desde luego, el actuar y los intereses turbios de actores políticos cuestionables.

Si bien es cierto que en esta era de sobreinformación, abundan inexactitudes, supuestos y datos manipulados que pueden determinar decisiones populares y que ello sea una base de discusión sobre el uso y abuso de los medios de comunicación y de las opiniones, también debemos estar alertas y demandar las garantías a nuestras libertades que personas sin escrúpulos pretender socavar.

Así mismo, esto también nos demanda consonancia en la exigencia de nuestros derechos, retándonos a asumir nuestras obligaciones, siendo una ciudadanía comprometida y responsable, pasando de ser únicamente consumidores e inconformes del acontecer político social, a ser genuinos actores de cambio y no únicamente observadores de una realidad que se desmorona.

En una temporada propicia frente a la próxima convocatoria a elecciones generales, es oportuno analizar estas y otras iniciativas estatales para que en las urnas sepultemos a una clase política muerta, hedionda y putrefacta que envilece y atenta contra los pilares de nuestra aún frágil democracia.

Gabael Otzoy

@ogabael

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