El antropoceno y la crisis poblacional planetaria

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“No haber nacido nunca puede ser el mayor de los favores

 (Sófocles).

Raimon Panikkar, (la última conciencia del mundo) muerto en el año 2010, en el prefacio de su libro “Mito, Fe y Hermenéutica” decíaTal vez hoy no tengamos necesidad tanto de intelectuales que digan lo que hay que hacer, o de académicos que interpreten las cosas, o de predicadores que proclamen la “verdad”, cuanto de personas que la vivan, de personas que escriban con su propia sangre y hablen con la propia vida”. Atreverse a hablar hoy día de población y la necesidad de su reducción, es arriesgarse a ser tildado de inhumano, peligroso, anatema e incluso hereje, a pesar de que en el plano humano, vivimos en un estado de emergencia, y es que la doble moral social soslaya la problemática poblacional, porque conviene que la población aumente para aumentar el consumo y la ganancia. En todo caso no se trata de asumir posturas confrontativas de misantropía o filantropía, no. Es simplemente situarse frente a la realidad y decidir qué hacer, no románticamente qué pensar. Demás está señalar que solo el hecho de vivir en grandes conglomerados humanos y no conocernos y aunque nos conozcamos no respetarnos, o simplemente no estimarnos, ya nos convierte en misántropos.

Si  la población sigue aumentando de forma indiscriminada, (como en la actualidad) y los gobiernos no toman acciones concretas y establecen políticas de reducción de la misma y consecuentemente aumentan las necesidades de estas poblaciones, ¿de dónde se traerán los recursos necesarios? ¿Los traerán de otro planeta o de otras galaxias?

En una conferencia del año 2014, el teólogo, filósofo y ecologista brasileño Leonardo Boff, indicaba que la capacidad del planeta de satisfacer las necesidades humanas, había llegado a su capacidad máxima en septiembre del año anterior, es decir en el año 2013. Como es común en este tipo de eventos, muchos de los participantes se mostraron preocupados, otros, los más escépticos simplemente indiferentes  y los demás, hicieron mutis.

Recién el año pasado (2018) cuatro años después que lo hiciera Leonardo Boff, un grupo de científicos dio a conocer que, “El planeta ya no da más” es decir, los recursos se están acabando y que la actual generación está consumiendo los recursos que corresponden y pertenecen a las futuras generaciones, en otras palabras, estamos comiendo lo que les pertenece a nuestros nietos y de ser así, ¿qué comerán ellos? ¿Qué tipo de servicios tendrán? ¿Qué calidad de alimentos consumirán?

El principio de que “La tierra la hemos heredado de nuestros abuelos” se convierte hoy en “La tierra la tenemos prestada de nuestros nietos” ¿Nos comeremos todo lo que les pertenece a ellos? Y si además queremos que nuestras comidas sean lujosas y abundantes ¿para cuánto tiempo alcanzará? Por ejemplo si toda la población mundial se alimentara como los daneses, cuyo menú es extremadamente cárnico, únicamente se alimentarían cuatro mil millones de humanos del total de aproximadamente siete mil millones, en tanto que si se alimentase con el régimen alimentario de Bangladesh, alcanzaría para nueve mil millones de seres humanos.

Del total de mil trescientos millones de personas subalimentadas en el año 2009, aproximadamente novecientos millones eran rurales. Así mismo, la FAO estimó en  mil millones de personas que pasaban hambre durante el mismo año, quince millones de las cuales  vivían en los llamados “países desarrollados”.  Un dato adicional es que, en el planeta había mil millones de obesos sobrealimentados y dos mil millones de personas malnutridas, de las cuales ciento noventa y cinco millones eran niños. En Estados Unidos, se desecha cada año el 40% de la alimentación disponible. Hace veinticinco años, la población de este país representaba el 2% de la población mundial pero consumía el 44% de los recursos del planeta, en otras palabras, de cien pollos, dos norteamericanos se comían 44, y los restantes cincuenta y seis pollos tenían que dividirse entre las otras noventa y ocho personas, esta situación no es muy diferente en la actualidad.

Acerca de la crisis demográfica

Hoy día la sobrepoblación mundial es un auténtico caos, ciudades de millones y millones de habitantes que requieren todo tipo de servicios, pueblos que crecen exponencialmente, límites de comunidades difíciles de ubicar, esta  crisis demográfica crece y va en aumento como consecuencia de fenómenos tales como la superpoblación de los países pobres y subdesarrollados, la disminución de la población de la mayoría de los países ricos y desarrollados así como el aumento de los flujos migratorios del campo a la ciudad, obligados por la pobreza y la miseria, además de la migración de personas de países pobres hacia los países ricos etc., razones y realidades  como las anteriores nos obliga a repensar nuestras ideas, creencias, e incluso nuestras ciencias, para evitar el colapso, aunque probablemente sea demasiado tarde.

Algunos datos sobre el crecimiento poblacional

 Estimaciones científicas indican que para el año 1 D.C. en el planeta  había 170 millones de personas, mil años después ya había 300 millones, para el año 1500, aproximadamente 500 millones, tres cientos años más tarde, o sea para el año 1800 llegamos a ser mil millones.

De los mil millones del año 1800, hasta la presente fecha, se calcula que llegamos a ser 7,500 millones de seres humanos, a este paso, cálculos científicos  estiman que para el año 2100, seremos aproximadamente 11,000 millones entre hombres y mujeres, esta cantidad supone problemas gravísimos en cuanto a la necesidad de recursos naturales y alimenticios para todo el mundo.

En el caso de Guatemala, la población se duplica cada veinticinco años, a reserva de los datos estadísticos que provea el INE en relación al último censo realizado recién el año pasado, y suponiendo que fuéramos ya 20 millones como algunos especulan, significaría que para el año 2043  seríamos cuarenta millones; en tal caso, ¿con qué recursos contará el país? ¿Cómo se podrán cubrir las necesidades básicas?  Y como consecuencia del cambio climático, ¿Cómo estará la producción de alimentos? ¿Cómo habrá aumentado la desertificación? ¿Qué porcentaje de la población sufrirá la hambruna que en la actualidad ya afecta a una gran parte de la población?

En relación a la población mundial, si se cumplieran los pronósticos ¿habrá suficientes alimentos para todos? ¿Los países ricos podrán seguir satisfaciendo su voracidad actual? Y, finalmente, ¿Es razonable que sigamos negando la catástrofe que se avecina y del que ya tenemos signos inequívocos? Hoy, el humano tiene la oportunidad de  demostrar que es “homo sapiens” o confirmar por el contrario que es “homo stupidus”.

Eduardo Tuyuc

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