-Vida Buena- El perdón como sanación de las heridas propias

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II Parte

¿Cómo nacen los rencores o los odios? 

Primero, algo que no queríamos que sucediera, sucede en la vida. Segundo, cómo asimilamos el suceso no deseado. La equivocación más común es pensar demasiado en el problema, es decir,  arrendarle demasiado espacio en la cabeza, normalmente las personas piensan una, otra y otra vez en el asunto, de día y de noche se la pasan pensando y repensando qué hacer o qué no hacer, en todo caso nunca resuelven nada, ante una situación así, podríamos entonces preguntarnos; Si tiene solución ¿por qué  preocuparnos? Y, de igual manera, si no tiene solución ¿por qué preocuparnos?

Una manera sencilla de enfrentar las situaciones que nos afectan, es entender que la vida es como un aeropuerto adonde llegan un sinfín de aviones, nuestro cerebro es el aeropuerto los aviones son los sucesos diarios, buenos y malos y al igual que los aviones que llegan y se van, los acontecimientos de nuestra vida deben partir para dar cabida o otros sucesos.

La ciencia del perdón

Hasta hace apenas una década que la ciencia determinó los beneficios para quien otorga el perdón, como resultado de esto, hoy se sabe que la persona que perdona, entre otros beneficios, tiene una mejor  vida tanto física como mental. Una mayor valoración y empoderamiento de la vida personal. Una sensación de esperanza para la resolución de un conflicto y un cambio positivo en el aspecto afectivo.

Obviamente que el acto del perdón no solamente es un proceso profundo, interno y esencial para liberarse de los sentimientos negativos, también es una vía difícil y tortuosa que puede llevar tiempo, incluso años.  Sobra decir en este caso que el perdón es para quien lo otorga, no para quien lo recibe; al perdonar, la persona se libera de las ofensas que origina su sufrimiento, sin embargo, perdonar no significa quitarle importancia a la ofensa recibida o minimizar la gravedad de la misma, más bien, es canalizar adecuadamente la situación con el propósito de evitar más sufrimientos.

Finalmente, siendo que las situaciones contrarias a nuestros deseos son inevitables, la mejor manera de enfrentarlas es, por un lado no darles más de la importancia que se merecen, y por otro, vivir y disfrutar de las cosas buenas que la vida nos ofrece, si somos de las personas que suspiramos por el pasado que pudo pero no fue, o añoramos la incertidumbre del futuro que no sabemos cómo será, entonces estamos condenados a perder lo único cierto, es decir el presente. La calidad de vida radica en entender que el único y verdadero imperativo de la vida es “vivir”, es crear y afirmar la vida humana en tanto que maravilloso y singular acto creativo.

Por supuesto que debemos hacer la diferencia entre vida buena y buena vida; vida buena implica esforzarse en generar condiciones de una vida con ética, hacer opciones para lograrla, someterla a ciertas restricciones esenciales para la dignidad de la persona. Vivir bien no es únicamente que nuestra existencia resulte placentera, derivada del tener en abundancia, sino buena en sentido crítico y con visión de futuro para el bienestar de las futuras generaciones. En tanto que buena vida es disfrutar de la existencia, de manera egoísta, sin importar los medios para conseguir lo que nuestros caprichos nos requieren e imponen.

Lea primera parte:

http://noticiaschimaltenango.com/el-perdon-como-sanacion-de-las-heridas-propias/

Eduardo Tuyuc Ch.

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