-BUENA VIDA- El perdón como sanación de las heridas propias.

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El hombre y la mujer, o la mujer y el hombre si se prefiere, son seres que en su constitución integran  lo mejor y lo peor, lo bello y lo grotesco, lo divino y lo diabólico, de los seres humanos se pueden esperar las acciones más positivas y maravillosas, pero también las más negativas y desastrosas, con nuestras acciones vamos construyendo, pero también destruyendo, por lo que, en ese devenir de la humanidad, se debe tener fe en lo mejor del hombre, y a la vez desconfiar de lo peor de él.

El dolor causado por tantas situaciones conflictivas, de la sociedad de nuestro tiempo, tiene su génesis en la propia familia, luego se traslada a la comunidad local,  después a nivel nacional y dependiendo de su categoría, puede incluso afectar a nivel internacional;  menester es  admitir que la sociedad es lo que la familia es, familia violenta, sociedad violenta, familia sin valores, sociedad sin valores, familia desordenada, sociedad desordena, etc.

Ahora bien, ¿cómo enfrentar el dolor causado por tantas situaciones adversas? ¿Cómo superar el dolor causado por la muerte de un hijo o del cónyuge? ¿Qué hacer frente a las ofensas del vecino, del compañero de trabajo o de los miembros de la propia familia, iglesia u otro grupo social? ¿Cómo aceptar o perdonar la infidelidad del esposo o la esposa?

Derivado de las múltiples contrariedades cotidianas, las personas desarrollan distintas pasiones y sentimientos negativos como desconfianza,  ira,  odio, resentimiento,  venganza,  irritación,  tristeza, aversión, desesperanza, temor, etc., que no son sino pasiones del alma, y reacciones naturales que se producen desde lo más profundo de nuestro ser, pero que mal enfocadas producen grandes y graves daños, más a nivel interno que a nivel externo, es decir, afectan más a la personas que las sienten, que a las personas hacia las que se tienen estos sentimientos negativos. Estos sentimientos se suscitan en el alma de manera involuntaria,  son  confusos, recurrentes y si no se tiene la suficiente voluntad de evitarlos, pueden volverse inevitables y enfermizos.

Cabe argüir que de todos estos males, el odio es el más divertido. Tener odio es como lamerse las heridas, besar las aflicciones del pasado, arrullar el dolor, es como paladear o degustar nuestro propio sufrimiento, saborear los dolores que nos aquejan y que han sido infligidos por las otras personas.  “Es como un banquete de reyes en donde se tritura y devora hasta el último de los huesitos, la gran desventaja es que estos huesos que se trituran y disfrutan, son los de uno mismo”, como sostiene el psicólogo Frederick Buechner.

Al ver a la persona odiada, se tiene una serie de sentimientos negativos en contra de ésta, las vísceras reciben la orden del cerebro para que produzcan  sustancias tóxicas, estas sustancias se diluyen en el organismo del que odia y finalmente termina enferma, en tanto que la persona odiada ni siquiera se entera de lo que le pasa a su vecino. En relación al odio existe una máxima que reza: “Odiar es como beber veneno y esperar que la otra persona se muera”. En otras palabras, el odiado (o la odiada) va al mercado, al cine, al baile, al estudio, a la iglesia, etc., es decir lleva una vida campante, despreocupada e incluso radiante, mientras la contraparte se está muriendo.

Eduardo Tuyuc C

 

¿Cómo nacen los rencores o los odios? 

Continuará…

II parte, miércoles 13 de Marzo.

 

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