-Entrelineas-En búsqueda de ser feliz

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Ser feliz puede se efímero, pero vale la pena sentir que el mundo nos sonríe y que a pesar de todo lo malo que existe, podemos ser la diferencia entre lo convulso de los tiempos modernos. Aunque eso de la felicidad es relativa, tampoco le pertenece a ningún grupo en especial. Es algo íntimo. Privado. Único. Y puede trasladarse a los que se tienen alrededor nuestro.

La felicidad no tiene nombre, país, región, tampoco religión. Es algo que solo podemos explicar con un rostro sereno y mirada clara. Aunque se diga que la felicidad es efímera, que lo es, vale la pena darle lugar en ese pedazo del cuerpo que se llama corazón. En un ambiente como este donde nos movemos, no es fácil ser feliz. O intentarlo siquiera. Pero que vale la pena, lo vale. Sé que ese sentimiento está pegado como la piel a los huesos, a las circunstancias que nos pueden rodear y pasar.

Habría que vivir a plenitud

Sin embargo, se puede ser feliz viendo un atardecer. Oír correr el agua de un río cristalino, donde las piedras del fondo danzan felices por la caricia que reciben a diario. O frente al mar. Viendo caer el sol en la tarde, mientras la brisa salada nos despeina y nos llena el alma de paz. Paseando entre los árboles en un bosque brondoso y húmedo, absorviendo la tranquilidad y armonía de la naturaleza.

También cerrando los ojos y sentir nuestra propia presencia allí, en el fondo de nuestra mente, la cual agradece la quietud de un momento único y especial. Ese que nos pertenece solo a nosotros. En la iglesia también se puede experimentar felicidad. Teniendo cada uno esa comunicación con la presencia de un ser superior, y teniendo así el alimento de la parte espiritual que nos habita.

Dicen que el tiempo de estos días, es el mejor para vivir a plenitud nuestra existencia, por eso de la Semana Santa. Es cuando más deberíamos sentimos más humanos, porque es el tiempo de la reflexión y darnos cuenta de que a través del amor, la entrega y el sacrificio, se puede alcanzar el cielo.

Es que debería ser un tiempo de paz y armonía, la que lleva a esa felicidad que se hace presente porque se necesita el sentir que el mundo puede ser mejor por la entrega y sacrificio, del ejemplo de quien murió en la cruz.

Todos tenemos que tener claro que la felicidad que no es real cuando la produce el alcohol, las drogas, los excesos olvidándo el verdadero sentir de estos días. Para muchos la Semana Santa es tiempo para darle rienda suelta a los delietes de la carne, algo de lo que esta lleno el reino de los dioses, esos a los que les rendimos homenaje llenando nuestro egoísmo de querer tan solo el disfrute material de estos días.

Es evidente que todos tienen derecho a descansar e ir a playas, piscinas, pueblos, fincas y caserios, donde se es feliz estos días. No hablo de eso que está allí y que lo vemos reflejado tantas veces estos días. Hablo de esa otra felicidad, la que nos hace ser diferentes al resto. El ir navegando en aguas turbulentas, el ir a contracorriente para ser la sal de la tierra. La que le da vida a la muerte diaria que nos rodea, lo que da razón y espacio al ser humano a  través de un hombre y una mujer para que sean buenos y especiales.

El mundo necesita de gente que brille. Que sea diferente, que no sea igual a los demás. Que se distinga por la mirada franca y abierta. Con la sinceridad en la palabra y la acción. El hombre nuevo, se decía antes. El que nos haga soñar con la esperanza de un universo más pleno para la humanidad. Que no oculte que puede llorar por amor, por tristeza, ser miel para alejar la hiel, ser luz para ocupar el espacio de la oscuridad.

La humanidad pareciera estar perdida, pero el ser individual que nos habita está presente para decir que se puede seguir adelante para alcanzar el cielo con la punta de los dedos. Tocar las estrellas y ser parte de la luz que ilumina y aleja la noche.

Ser feliz es una tarea árdua, difícil y complicada, pero no imposible de sentir cuando emana de lo más profundo de nuestro corazón. Aunque ser feliz no es darle paso al egoismo de que los demás sufran y no nos importe, no es eso. Es darle al mundo un momento diferente, muy nuestro, y ser amable con las personas que a diario se acercan a nuestra vida.

Los problemas nunca van a desaparecer de nuestro entorno, sino es una cosa, será otra. Los de la casa, del trabajo, del tráfico, de la calle, de la oficina todo eso que nos abruma no puede ser más poderoso que el sentirse satisfecho con lo que la vida  nos ha dado. Solo el hecho de tener la posibilidad de vivir ya es un regalo. Todas las mañanas deberíamos recordarnos a nosotros mismos que ¡estamos vivos! Y eso ya es una ganancia.

Como una especie de terapia existencial, debemos dejar los problemas en la puerta de los sitios a los que entramos. Si tuvimos problemas en el trabajo, esos mismos problemas se quedan al nomás salir hacia la casa. Si los problemas se dieron en la casa, no pueden entrar al trabajo.

No se debe cargar el problema y restregarlo a personas inocentes que no tienen nada que ver con lo que nos pasa. Los ambientes donde nos movemos no deben ser salpicados de los problemas ajenos. Si usted convive con alguien que está lleno de problemas y siempre está hablando de ellos, se que me comprenderá. Qué aburrido es estar oyendo siempre la misma canción. Al final, mejor es alejarse de esa gente y vivir uno en paz. ¿Entiende esto? No sea el reflejo de estas personas que arrastran sus problemas como parte de su ser.

Por eso decía antes que hay que ser diferente a los demás. No ser su reflejo. Además que no hay dos seres humanos que sean iguales sobre la Tierra. Pueden ser identicos en lo físico, como los gemelos, pero hasta allí llega su semejanza: las mentes funcionan de manera distinta y eso nos hace diferentes en la similitud.

Cuando somos nosotros mismos, cumplimos con esa función de llenar el mundo de cosas lindas y bellas. Cuando somos iguales a los demás, no aportamos nada más que desilución, odio, frustración y una gran castración de sentimientos.

Eso es la realidad de la gran mayoría de gente, de la cual no quiero verme reflejado. ¿Y usted?

Haroldo Sánchez

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