-Entrelineas- Ser piloto es algo muy peligroso

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Ser piloto de transporte urbano o extraurbano se ha convertido en una de las profesiones más peligrosas en Guatemala.  Y son de las profesionales que quizásno tienen ningún tipo de reconocimiento de la sociedad. Al contrario, se les discrimina y se les irrespeta.

Si uno habla de los pilotos de las camionetas urbanas y extraurbanas, solo es para criticarlos, que son abusivos, que no tienen educación, que son irresponsables, mal hablados, etcétera, etcétera.

En realidad, la gente podría tener algo de razón. Lo que nadie recuerda es que se trata de una persona que pasa seis, siete, ocho, doce horas sentado frente a un timón, otros, recorriendo cientos de kilómetros, peleando pasaje, y siempre enfrentando a miles de personas con sus propios infiernos, pues la verdad, no es nada fácil.

No lo justifico, tan solo lo hago resaltar para poner todo en su justa dimensión. Ser piloto es una profesión sacrificada y nada complaciente. Además de super peligrosa. Ellos se levantan cada día, comparten con su familia y no saben si regresaran en la noche. Si volverán a disfrutar del calor del hogar.

En los últimos años, ellos han estado sometidos a una nueva dimensión: la violencia diaria a través de diversos grupos que los extorsionan,y el número de víctimas mortales, ya es enorme.

En mi trabajo en el Noticiero Guatevisión, tuve la oportunidad de tener en el estudio a un piloto de camioneta, que vio como pasó su vida en esta tarea y ahora, ya viejo y cansado, de su voz solo sale la desilusión de verse solo frente al peligro.

En esa entrevista, contó que cada mañana se levanta para dar gracias a Dios que le permite seguir con vida. Sale al trabajo, con igual actitud religiosa, porque solo en ese Ser Supremo puede confiar.En el hombre, o más bien, en la policía y algunos fiscales del Ministerio Público, pues están más lejos de ayudarlo tanto que es como si le pidiera ayuda al propio Donald Trump.

Incluso, contó que cuando un piloto llega a realizar una denuncia a las estaciones de la PNC, al poco tiempo aparece asesinado: la razón, la misma policía lo denuncia a las maras para que lo sacrifiquen. Es que el negocio de la extorsión genera tanto dinero que alcanza para corromper a cualquier, más aún, cuando un policía apenas gana para su propia subsistencia. Es el círculo maldito de la realidad nacional.

Además, se han topado con que les piden que sean ellos (los pilotos) los que tomen fotos de los extorsionadores, o si pueden video, y luego se los hagan llegar a los policías. Claro, los pilotos, ni tontos lo harán porque ya saben que aquí hay contubernio entre maras y policías.

La realidad es una pesadilla

Cada día, en las calles y carreteras, son ya incontables los que han caído por las balas asesinas de las bandas de extorsionadores. Pilotos, ayudantes, y pasajeros, cuyas familias hoy continúan llorando la pérdida de un ser querido.

Atrás quedaron aquellos días cuando subir a una camioneta era como una sana aventurade ir viendo desfilar a través de las ventanas las calles y avenidas de las distintas zonas de la capital, o disfrutar del paisaje hermoso y único de este amado país.

En la capital, pues se trata en su mayoría de buses viejos, pero seguros en su ruta diaria… Eso ya es historia, porque ni siquiera existían esos que hoy llamamos “brochas”. En las camionetas extraurbanas, siempre existió el ayudante que se encargaba de subir maletas y bultos, además de cobrar el pasaje.

Guatemala cambió, es la más grande y la más densamente poblada de Centroamérica, más tráfico, mayor caos. Lo peor: más violencia. Y ser ahora piloto de un bus urbano o de un extraurbano, es una de las profesiones más peligrosas en este país.

Eso por escribir de ellos, pero igual suerte pasan cada día los pasajeros que suben con la esperanza de bajar bien, por sus propios pies y no en una camilla o en una mortaja.

Siempre me he preguntado, ¿cómo inicia la mañana un piloto de bus?Bueno, se levanta, se baña, desayuna, y se despide de su familia. ¿Qué pensamientos inundan esa mente en esos instantes? ¿Qué ritos religiosos realiza antes de abordar su unidad?

Esas y muchas preguntas como estas se estrellan en mi mente, porque es difícil ponerse en los zapatos de alguien bajo esas circunstancias.

Ese infierno al que están siendo sometidos los pilotos de las unidades de transporte urbano y extraurbano, desde hace ya varios años, es difícil que alguien ajeno a ellos o a sus familias, pueda experimentar y sentir.

Lo peor de todo esto es que durante la entrevista con el piloto, me explicó que la gran mayoría de los que trabajan en la capital con los buses urbanos, por no decir todos, “alquilan” las camionetas a los verdaderos dueños. Lo hacen por 300 quetzales diarios, alrededor de 9 mil quetzales al mes.

Eso sí, los dueños no están involucrados en absolutamente nada que tenga que ver con las extorsiones. Eso es problema de los pilotos y no de ellos.Es más, a los dueños de las camionetas no les importa si el piloto logra alcanzar los 300 quetzales diarios para pagarles el alquiler, ese no es el problema de él, quien se encuentra en casa, sentado, engordando la tripa y la bolsa o más bien, la cuenta en el banco.

Porque, ¿saben algo? Durante años, el gobierno les entrega a todos los dueños agrupados en diversas asociaciones de propietarios de buses urbanos, un millonario subsidio, que simplemente se embolsan de manera descarada.

Han sido muchos los gobiernos que esta práctica la realizan con el pretexto de apoyar a la población que necesita de este servicio.Así, dicen, no se afecta el precio del pasaje. El resultado: una mafia que vive de ese subsidio y que no responde a las necesidades de los usuarios.

Dueños, funcionarios y hasta políticos, se han visto beneficiados con esos subsidios millonariosque cada año llegan de nuestros impuestos a estas mafias enquistadas en todo el andamiaje social. Y si no, que le pregunten a Manuel Baldizán.

A todos los pilotos guatemaltecos, aquellos de la capital, como a esos que transitan las carreteras del país (muchas de ellas destrozadas), mi reconocimiento y admiración. Son hombres valientes frente a los peligros diarios, donde se encuentran solos frente al peligro.

Haroldo Sanchez

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