-Entrelineas- Hay que amar nuestra tierra

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Guatemala es uno de los países más bellos del mundo. Aquí conviven diversas formas de ver la vida, que van desde una posición capitalina, hasta aquella que nace de cada uno de sus pueblos. La visión, entonces, difiere del lugar donde uno nació. No es lo mismo haber nacido en la capital que en Comalapa, por ejemplo.

En la capital la vida tiene un ritmo diferente. Frenético muchas veces. No hay tiempo para el descanso, ni la reflexión. La gente no se para a pensar, sino que más bien, actúa de acuerdo a sus impulsos. El tráfico, por ejemplo, enloquece a más de uno, que pierde la cabeza ante los atascos de la mañana, la tarde y la noche. Nadie está a salvo de esta locura vial.

Totalmente lo contrario cuando se entierra el cordón umbilical en la tierra, esa milenaria tradición que nos ata al pueblo que nos ve nacer.

Voy a tomar el caso de Comalapa, que es un pueblo muy conocido. Es que su gente ha hecho posible que su fama se extienda principalmente por sus artistas, sus artesanos, su gente trabajadora. Sus emprendedores. Esas personas que dan lo mejor de sí mismas, cada día.

Por eso es tan importante que aquellos otros que se dedican a la política, hagan de su herencia un verdadero amor por el terruño. Es decir, que busquen que su propia gente tenga una vida más digna, más honorable y más humana.

Los pueblos de Guatemala están hartos de los corruptos porque esos son los verdaderos responsables de que se viva en condiciones de miseria. Un alcalde que se vuelve millonario en cuatro años no demuestra ser muy listo, sino todo lo contrario, demuestra su baja estatura moral. Claro que hará dinero, pero a costa de hundir más en la pobreza a su propia comunidad y sus habitantes.

Año electoral, un tiempo para tomar las mejores decisiones. Las personas deben saber que tienen el poder en sus manos. Que cuando entran a la urna electoral nadie podrá obligarlas a votar por quien engaña, por aquel que tan solo le importa su fortuna personal. Aquel que le permite a su propia familia, hacer negocios que tan solo los favorecen a ellos.

Y cuando hay un político que no hizo nada por su pueblo en esos cuatro años de estar al frente de una municipalidad, hay que darle la espalda y escoger a otro que sí haga el trabajo que todos esperan y, sobre todo, necesitan.

Para ser un hombre honrado es necesario, ante todo, amar el lugar donde se nació. Respetar a su familia, a sus amistades, a todos aquellos que nos rodean. Sé que es muy difícil ser honrado en un país donde se ve la corrupción “como algo normal”. Pero es necesario ser diferentes para lograr los cambios que se esperan realicen los políticos.

Si no hay amor por la profesión que se ha escogido, en el caso de los políticos, entonces nada cambiará y la corrupción seguirá siendo el “deporte nacional” de Guatemala.

Por eso digo: el voto es la principal arma para acabar con los políticos corruptos. Hay que darle la oportunidad a aquellos que sí quieren trabajar por su gente, su comunidad, su pueblo.

Haroldo Sánchez

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