Navidad

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El mundo cristiano (y también el no cristiano), está en vísperas de celebrar otra navidad, las luces de colores en los hogares, centros comerciales, iglesias, calles, parques, prostíbulos, palacios, antros de vicio, etc., denotan la espera, espera que tiene qué ver con los intereses y las necesidades de cada uno, los trabajadores esperan el aguinaldo, los niños los regalos, los novios abrazos y besos y todo lo que contiene el paquete del momento, los amantes o los corruptos, no ser descubiertos, los pobres mejores condiciones de vida, los enfermos recuperar la salud para volver a la esclavitud del trabajo, los almacenes y las grandes empresas mayores ganancias, los ricos tener más dinero, los políticos nuevas oportunidades de seguir haciendo trinquetes, en pocas palabras, todos desean lo mejor para sí mismos y sólo si es posible, un poquito para los demás.

Villancicos, suenan y resuenan por todos lados y por todos los medios de comunicación, cohetillos, bombas, convivios, canastas navideñas, fuegos artificiales anuncian el acontecimiento, la algarabía de las posadas contagia a la gente a sumarse a las mismas, no para la espiritualidad, sino para el griterío, el desorden, la locura, el irrespeto y el alboroto, la balumba de la que se llena el alma para celebrar la fiesta supera cualquier medida, abrazos, regalos, buenos deseos, comida hasta  la gula, bebidas, gritos estridentes de hombres o mujeres ebrios, repique de campanas, y el momento supremo de la media noche, de la noche de paz, noche de amor.

Esta es la noche de suprema enajenación, en la que el oprimido y el opresor, el juez y el reo, el pobre y el rico, los hijos y los padres, los extorsionadores y los extorsionados, el vilipendiador y el vilipendiado, el acreedor y el deudor, etc., oran y cantan al mismo Dios que nace, que se hace hombre, que asume y encarna la naturaleza humana, Dios que quiere nacer en el corazón humano, pero que no le es posible, porque el mismo ya está ocupado.

Actualmente y pese a la aparente espiritualidad social, el alma y esencia de la celebración se encuentra secularizado y paganizado, en otras palabras  “monetizado”, antaño, la unidad familiar y comunitaria, la espiritualidad, la hermandad, la sencillez y la confraternidad constituían lo más importante de la celebración, hoy día estos valores han mutado y se prioriza el negocio, la ganancia y el capital.

Hoy, en nuestro medio, el pesebre o nacimiento, como se le conoce comúnmente, es una fuente de negocios e inversión, incluso competencia, los artilugios y todo tipo de materiales  con los que se elabora, tienen un precio; pastorcillos, figuras de aves, asnos, ovejas, vacas, manzanilla, estrellas de papel brillante, musgo, hoja de pino, etc., y las consabidas series de luces de colores, son todos productos de mercado y ganancia económica.

En esta “noche buena”, mientras unos hacen alarde de abundancia, desenfreno y opulencia, el hambre y la miseria, muerden y carcomen las entrañas de los más pobres, desvalidos y olvidados por la sociedad y quizás incluso por el Dios que nace, la precariedad en la que sobreviven millones de personas, hará que mueran esta “noche buena” y dejan de existir precisamente, porque hasta allí no llega el amor que esa noche se predica y se pregona en los púlpitos de las iglesias, que son las que con mayor ahínco se esmeran en celebrar la fiesta. La paradoja del amor predicado y difundido con ímpetu, convicción e incluso de manera fundamentalista, contrasta con la ausencia de amor al prójimo de forma práctica y asistida, quizás la humanidad ha extraviado la fe antigua sin recibir ninguna otra a cambio.

Demás está insistir que la vida deja de tener sentido para el pobre, cuando, por un lado se le atolondra con la propaganda del “compre y compre”, y por otro, carecer de los medios económicos para hacerlo. Por otra parte, ¿cómo recibir los beneficios de tal o cuál religión, si no se tiene el recurso económico para pagar el diezmo, o el derecho para tal o cuál rito, oficio o servicio? La fiesta que está por celebrarse, de la misma manera que puede servir para acercar a las personas a la espiritualidad cristiana, también puede alejarlas como consecuencia de que muchos de sus líderes o jerarcas, se han alejado de las tradiciones religiosas primitivas y se han aproximado reverencialmente a la opulencia y el materialismo reinante.  Finalmente, ¿cómo se puede decir que la noche del 24 de diciembre, es   “noche de paz” si esa noche es de locura, ruido y todo tipo de desenfreno?

            Finalmente, ¿qué sentido tiene celebrar la navidad, o sea el aniversario del nacimiento del Niño Dios, contaminando y destruyendo el planeta que el mismo Dios ha creado para el ser humano? ¿A quién le gustaría que el día de su cumpleaños le quemaran su casa?

Se ha quitado del pesebre al Niño Dios, pobre y humilde pero redentor y en su lugar se ha puesto a un ente soberbio, avasallador, poderoso y sobre todo esclavizante,  EL DINERO.

 

Eduardo Tuyuc

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