lunes, mayo 27

Sentirse menos excluido y más seguro: el lado bonito de tener siempre el móvil contigo | Tecnología

Menos capacidad para concentrarse y prestar atención. Menos recuerdos. Aislamiento. Problemas para dormir. Ansiedad. Dependencia. La lista de todos los males que han traído los móviles es larga y conocida, pero a pesar de ello todos vamos con un teléfonos inteligentes Debe haber algo más en el bolso, bolsillo o mano que explique nuestro comportamiento además de la simple adicción. La lista de ventajas también es evidente: teléfonos inteligentes Nos permiten comunicarnos, acceder a información, pagar en comercios, hacer fotografías, orientarnos y mucho más. ¿Pero hasta dónde llega el bien? ¿Es suficiente para compensar todo lo negativo?

Son menos los estudios que investigan el lado positivo de estar siempre pegado a un dispositivo móvil que los que abordan los estragos que puede producir esta adicción, algo que afirma Frank Schneider, profesor de la Universidad de Ámsterdam y uno de los autores de uno de estos estudios. respecto al bien, atribuye, entre otras cosas, a la tendencia a la negatividad del ser humano. Así como las malas noticias suelen tener más peso en el periodismo, “lo mismo ocurre en el mercado de las revistas científicas”, explica.

En su estudio, publicado en abril de 2023 en la revista Las computadoras en el comportamiento humano.la función de teléfonos inteligentes como objetos de confort, similares a las mantas o peluches que tienen algunos niños. Para ello, se centraron en la percepción de amenaza social y ostracismo y si éste se reducía con solo tener un teléfono móvil a mano. “Los principales hallazgos fueron que teléfonos inteligentes actuó como un amortiguador físico y las personas con el teléfonos inteligentes se sentían menos excluidos de sus bolsillos que aquellos que no los tenían”, resume Schneider. Además, también concluyeron que pensar en las funciones sociales del teléfonos inteligentes (aplicaciones sociales) “reduce los sentimientos de ostracismo mejor que cuando el teléfonos inteligentes Sólo tiene aplicación de información”, aunque admite que se necesita más investigación.

¿Deberíamos concluir que el hecho de que los teléfonos móviles puedan hacernos sentir menos es algo bueno? Para Arturo Montejo, investigador de la Universidad de Jaén, no lo tiene tan claro. “Si bien es innegable que esa conexión omnipresente nos permite sentirnos acompañados y que esa sensación de seguridad es real, me pregunto si lo que realmente estamos identificando es que hemos generado un problema, un desamparo. Nos hemos acostumbrado tanto a los teléfonos que no hemos podido desarrollar esa confianza en uno mismo ni esa fuerza para afrontar determinadas situaciones de forma independiente”, reflexiona.

Para Schneider, este tipo de críticas son comprensibles y compara la situación con tener que usar gafas. “Me siento más seguro cuando los uso y tengo miedo de andar en bicicleta sin ellos”, explica. En su opinión, teniendo en cuenta todas las funciones del teléfonos inteligentes y su utilidad -sin negar sus riesgos- lo importante es «aprender a utilizarlos bien».

cambios en el cerebro

Con cierta frecuencia se viralizan imágenes de algunos eventos en los que las personas presentes han tomado la iniciativa. teléfonos inteligentes y se dedican a grabar pase lo que pase. “El uso de dispositivos móviles ha cambiado la forma en que interactuamos con el entorno, especialmente en lo que respecta a la información y el contacto con los demás”, afirma Diego Redolar, profesor de la UOC y experto en neurociencia. La principal crítica dirigida a esta omnipresencia de teléfonos inteligentes En nuestras vidas, añade, es que «vemos la realidad a través de nuestros móviles y esto es perjudicial, desde el punto de vista neuronal, para la forma en que procesamos la información». Esto significa, principalmente, que “no consolidamos la información de la forma más correcta”. Redolar también menciona que estamos enganchados porque las apps están diseñadas de tal manera que “activan una parte de nuestro cerebro llamada sustrato de refuerzo neuronal, lo que nos hace muy difícil dejar de usarlas”.

Sin embargo, los efectos del uso constante del teléfono móvil en el cerebro también tienen un lado positivo. Tener tanto acceso a tanta información en todo momento hace necesario filtrarla mejor, sabiendo qué es importante y qué no. “La corteza prefrontal nos ayuda en esto y con el uso del teléfono móvil esta capacidad parece mejorar”, explica Redolar.

El otro aspecto en el que teléfonos inteligentes han revolucionado nuestras vidas es el contacto con otras personas. En este caso, se suelen criticar aquellas situaciones en las que hay varias personas juntas y, en lugar de hablar, todos están hablando por teléfono. Tal vez lo estén haciendo deslizar infinito en X, pero también es posible que estén conversando con alguien que no está presente.

«En nuestro cerebro hay estructuras que son muy importantes para lo que en neurociencia llamamos cognición social, esa capacidad que tenemos de ponernos en el lugar del otro, de comunicarnos con los demás». El uso del móvil, explica el experto, al poder entrar en contacto con otras personas con las que de otro modo no estaríamos en contacto, puede potenciar esta cognición social. “Sobre todo también desde el punto de vista emocional, en personas que sufren aislamiento social o que se encuentran en una situación de vulnerabilidad por no tener una red de apoyo, el simple hecho de tener un teléfono móvil genera una percepción de seguridad y esto reduce el miedo”. En este sentido, Redolar indica que, por ejemplo, se ha visto que tener el móvil encima «puede reducir la activación de la amígdala, cuya activación puede inducir ansiedad». Al final, se trata de saber que «si Me pierdo en el bosque y necesito que me salven, tengo esa opción, o que si estoy triste puedo llamar a un amigo», dice.

¿Es nomofobia?

Hay mucho de nuestra rutina diaria instalado en el teléfonos inteligentes Darle la vuelta si nos damos cuenta de que lo hemos olvidado en casa no debería ser motivo de preocupación. Si ya ha sustituido a nuestra cartera y siempre la usamos para pagar o incluso simplemente para acceder a servicios en los que tenemos activada la autenticación en dos pasos, pasar un día inesperadamente sin móvil puede ser un auténtico problema. Es decir, sentirse un poco más nervioso al afrontar un día sin el teléfono a mano no tiene por qué ser señal de algo más profundo.

«La nomofobia (del inglés, fobia a no tener móvil) o el uso problemático de las redes sociales son problemas que existen, pero que se producen implican un uso disfuncional e inadecuado de la tecnología», Joaquín González-Cabrera, investigador de la Universidad Internacional de La Rioja . Es decir, se trata de una fobia situacional y social que hace que «las personas sientan un miedo profundo, irracional y desproporcionado a no poder utilizar el móvil o a quedarse sin cobertura y/o batería (no estamos hablando de dependencia del móvil o adiccion).» . Llevar el móvil con nosotros a todas partes no necesariamente nos convierte en nomofóbicos, así como tener redes sociales no es sinónimo de ser adicto a ellas. Aun así, tampoco se trata de minimizar los riesgos. Según un estudio reciente en el que participó el propio González-Cabrera y en el que se investigó el uso problemático de las redes sociales en adolescentes españoles y mexicanos de entre 15 y 17 años, el 16% se encontraba ya en la parte peligrosa del espectro (2,3% con un uso claramente problemático y un 13,2% en riesgo).

«Él teléfonos inteligentes Es una herramienta que nos permite conjugar muchos verbos, incluido sentirnos conectados con seres queridos, amigos, etc. y sentirse parte de un tejido social. La cuestión es usarlo para sumar o multiplicar (no para restarnos o dividirnos)”, indica el investigador. Los riesgos surgen en caso de un uso inadecuado. “Suelen aparecer cuando se usa de forma compulsiva, siempre se prefiere el contexto online al offline, seguimos pensando en ello y, sobre todo, empezamos a sentir consecuencias negativas en nuestra vida”, enumera.

Todos los expertos consultados insisten en la necesidad de encontrar ese equilibrio: aprovechar todas las ventajas sin caer en adicciones y usos problemáticos. “Si se utiliza bien, el teléfono móvil permite a las personas conectar su realidad online con su realidad offline. Ambos lados dan forma y construyen la realidad de las personas, especialmente en la adolescencia actual y la edad adulta emergente. Para muchos niños y niñas, un mensaje de apoyo por WhatsApp, Telegram o similar es tan importante como una palmada en la espalda o una mirada de apoyo”, resume García-Montejo. “Necesitamos prevenir problemas, pero los usos de la tecnología son muy variados y muchos de ellos positivos”, concluye.

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